¿Qué vínculo o
finalidad tiene el poder con el Estado? Es una de las cuestiones más discutidas
por la historia social, económica, política y del derecho. En la actualidad
tenemos cierta certeza de lo que es poder y Estado, sin embargo, hace falta
comprender a cabalidad su relación de forma individual y su dualidad. Este
ensayo tiene el propósito de aproximar definiciones de aquellas cuestiones que
nos resulta complicado entenderlas, basado en autoridades que reflexionaron
sobre este tema a mediados del siglo XX.
Para Max Weber el
poder es la probabilidad de imponer la propia voluntad dentro de una relación
social aún contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esta.
En el Estado
moderno, señala Weber, ha logrado imponer/organizar el monopolio del uso de la
violencia para su beneficio. «Todo Estado está fundado en la violencia», dijo
Trotsky en Brest-Litowsk. Objetivamente esto es cierto. Si solamente existieran
configuraciones sociales que ignorasen el medio de la violencia habría
desaparecido el concepto de «Estado» y se habría instaurado lo que, en este
sentido específico, llamaríamos «anarquía». La violencia no es, naturalmente,
ni el medio normal ni el único medio de que el Estado se vale, pero sí es su
medio específico. Hoy, por el contrario, tendremos que decir que Estado es
aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio (el
territorio es elemento distintivo), reclama (con éxito) para sí el monopolio de
la violencia física legítima (Weber, 1988).
Entonces, toda
dominación responde a motivaciones que definen en gran medida el tipo de
dominación. «Como todas las asociaciones políticas con una larga trayectoria en
la historia, el Estado es una relación de gobierno de hombre sobre hombre, y
esta relación se mantiene a través de la violencia legal». Por lo tanto, para
sobrevivir, el gobernante necesita que los gobernados acaten la autoridad que
pretenden tener quienes en ese momento dominan. ¿Cuándo y por qué hacen esto? Y
¿Sobre qué motivos internos de justificación y sobre qué medios externos se
apoya para llevar a cabo este tipo de dominación?
En primer lugar, hay
tres tipos de justificaciones internas, que sin bases de legitimidad de una dominación.
Primero, la legitimidad del eterno ayer de la costumbre, consagrada por su
vigencia inmemorial y la orientación consuetudinaria de las personas hacia su
respeto. Es “la legitimidad" tradicional ejercida por patriarcas y
príncipes patrimoniales de la vieja marca. En segundo lugar, la autoridad de la
gracia (carisma) personal y extraordinaria, el compromiso y la confianza
puramente personales, igualmente personales, en la capacidad de revelación,
heroísmo u otras cualidades de caudillo que posee un individuo. Es esta
autoridad "carismática" ejercida por los profetas o, en la arena
política, por los caudillos electos, los gobernantes plebiscitarios, los
grandes demagogos o los líderes de los partidos políticos. Tenemos, por último,
una legitimidad basada en la «legalidad», en la creencia, en la validez de
preceptos legales y en la «competencia» objetiva fundada sobre normas
racionalmente creadas, es decir, en la orientación hacia la obediencia a las
obligaciones legalmente establecidas, una dominación como la que ejercen el
moderno «servidor del estado» y todos aquellos titulares del poder que se
asemejan a él (Weber, 1988).
De esta manera,
Weber adopta una posición instrumental del poder. Si hay resistencias frente a
la imposición de la propia voluntad se recurre a la violencia.
Por otro lado, Hannah
Arendt abre una visión más amplia del poder. Esta corresponde a la capacidad
humana de actuar concertadamente. El poder es propiedad del grupo y existe solo
cuando este no se desintegre. El poderío del individuo más fuerte puede ser
dominado por la mayoría.
Para Arendt la
violencia se distingue por su carácter instrumental. La eficacia de la
violencia depende del poder que está detrás. La violencia por si sola es
ineficaz, inclusive para la dominación política. La violencia (en su estado
puro) puede llegar a destruir el poder, pero es incapaz de crearlo (Arendt,
1970).
El poder para
Michel Foucault es el ejercicio mismo del poder. Si
no se ejerce no se tiene el poder, no es abstracto. No tiene un lugar fijo, no
está localizado en el aparato del Estado. Hay mecanismos de poder que funcionan
fuera de los aparatos del Estado por debajo de ellos, a su lado de una manera
mucho más minuciosa.
Para Foucault todo
está atravesado por relaciones de poder «Entre cada punto del cuerpo social,
entre un hombre y una mujer, en una familia entre un maestro y su alumno, entre
el que sabe y el que no sabe, pasan relacione de poder que no son la proyección
pura y simple del gran poder del soberano sobre los individuos; son más bien el
suelo movedizo y concreto sobre el que ese poder se incardina, las condiciones
de posibilidad de su funcionamiento» (Foucault, 1979).
Foucault concibe
al poder como lo que reprime. El poder reprime la naturaleza, los instintos, a
una clase, a los individuos. La mecánica del poder es esencialmente la
represión. Esta es la consecuencia política del poder.
Entonces, el poder
para Foucault se construye y funciona a partir de poderes, de multitud de
cuestiones y de afectos de poderes y sugiere que: el poder es coextensivo al
cuerpo social. Las relaciones de poder están imbricadas en otros tipos de
relación (de producción, de alianza, de familia) donde juegan un papel a la vez
condicionante y condicionado. Dichas relaciones no obedecen a la sola forma de
la prohibición y del castigo, sino que son multiformes. Las relaciones de poder
«sirven» en efecto, pero no porque estén «al servicio» de un interés económico
primigenio, sino porque pueden ser utilizadas en las estrategias.
No existen
relaciones de poder sin resistencias; que éstas son más reales y eficaces
cuando se forman allí mismo donde se ejercen las relaciones de poder; la
resistencia al poder no tiene que venir de fuera para ser real, pero tampoco
está atrapada por ser la compatriota del poder. Existe porque está allí donde
el poder está: es pues como él, múltiple e integrable en estrategias globales.
(Foucault, 1979).
El poder entendido
como ejercicio de poder es un avance a la concepción Weberiana de poder
entendida como dominación. Pero en el actual contexto de crítica post-moderna
de la consideración totalizadora de la realidad nos lleva al replanteamiento de
la cuestión del poder.
Pierre Bourdieu
expande el universo del análisis político al hablar de campos de poder en los
que el Estado aparece como una especie de metacampo. Así, el Estado, si se
insiste en conservar esta designación, sería un conjunto de campos de fuerzas
en donde se llevan a cabo luchas cuyo objetivo sería (corrigiendo a Max Weber)
el monopolio de la violencia simbólica legítima.
La génesis del
Estado moderno lo resume en: poder afirmar, simplificando mucho las cosas que
la construcción del Estado dinástico y, luego, del estado burocrático, adoptó
la forma de un proceso de concentración de diferentes especies de poder, o de
capital, y que desembocó en un primer momento, en la monopolización privada por
el rey de un poder público, a la vez externo y superior a todos los poderes
privados (los burgueses urbanos).
La concentración
de estos diferentes tipos de capital-económicos (gracias a los impuestos),
militares, culturales y legales y en general simbólicos, que acompañó a la
construcción de los diferentes campos correspondientes, propició el surgimiento
de un determinado estado capitalista y nacido de la acumulación, que permite al
Estado ejercer el poder sobre los diversos campos y sobre los distintos tipos
de capital.
Este tipo de
metacapital, que puede ejercer poder sobre otros tipos de capital y en
particular sobre los tipos de cambio entre ellos (y, además, sobre las
relaciones de violencia entre sus propietarios), define correctamente el poder
estatal. De ahí se desprende que la construcción del Estado sea simultáneamente
a la construcción del campo poder, entendido como el espacio de juego dentro
del cual los poseedores de capital (de diferentes especies) luchan, sobre todo,
por el poder sobre el Estado, es decir, sobre el capital estatal que otorga
poder sobre las diferentes especies de capital y sobre su reproducción (en
particular, a través de la institución escolar) (Bourdieu, 1995).
Finalmente, tenemos una aproximación a la cuestión que nos emprendió a discutir el vínculo o finalidad que tiene el poder con el Estado, hemos visto a Weber definir el poder como posición instrumental que impone la voluntad frente a una resistencia, aquella voluntad la ejerce el Estado a través de su dominación que fundamenta una justificación de la violencia. Arendt también distingue la violencia dentro de un carácter instrumental que ejerce el Estado a través del poder. Asimismo, según Foucault, el poder designa relaciones entre sujetos estableciéndose una dominación, sin embargo, el poder no está localizada en el aparato del Estado, sino en las relaciones de poder. Por último, Bourdieu concluye que el Estado y su uso del poder tiene como objetivo el monopolio de la violencia simbólica legítima, que se ejerce sobre los individuos con su propia complicidad.








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