Para
Nietzsche una acción libre, es aquello que está determinada por el instinto de
vida, en donde su principal opositor es el cristianismo y la ética kantiana.
En su libro Voluntad de poder,
Nietzsche, dice:
“Una acción
a la que obliga el instinto de vida demuestra ser una acción conveniente por el
placer que la acompaña, y aquel nihilista de entrañas dogmáticas consideraba la
alegría como una objeción”.
Entonces,
podemos deducir que, para Nietzsche, lo más importante es la libertad personal,
en donde la elección de cada persona es lo que conlleva a una vida autentica y
natural. Sino no existiera esta libertad, para Nietzsche, la esencia del hombre
se destruiría.
Pero ¿qué es
más destructivo que pensar, trabajar y sentir sin necesidad interior, sin una
profunda elección personal, sin placer, como autómata del deber?
Pues… la restricción de la
libertad.
Entonces,
podemos notar que, para Nietzsche, lo más importante del ser humano es su
privilegio de tener ideas individuales y poseer libertad.
En una
reflexión filosófica, podemos ver que este pensamiento es proveniente de la
época del Renacimiento, que pasa por la Modernidad, llegando hasta en la
actualidad. A diferencia de la época romana y griega, la libertad en aquella
época se reducía al reconocimiento jurídico y a la ciudadanía en la Modernidad.
Por ello
Nietzsche, postula a que el individuo desea una libertad absoluta, en donde
estas ideas deben lograr obtener la posibilidad de acción de hacer todo. No
solo creará una posibilidad, sino que tratará de multiplicar el marco de las
posibilidades de acción en el ámbito donde actuamos.
En resumidas cuentas…
El sujeto
libre es aquel que no debe depender de nada. Debe tener la capacidad de crear
sus propias opciones, la realidad y sus propios valores. Nietzsche dice que
debemos practicar el ejercicio creativo y positivo. Por ello Nietzsche, se
opone drásticamente a todo determinismo que trata de imponer el curso de la
voluntad humana.
Nietzsche
revalora las ideas modernas, ya que, para él, estas ideas se convierten en un
compromiso con la virtud renacentista a la que la llama, “virtud sin moralina”,
que identifica la modernidad como virtud de libertad.
Por último,
Nietzsche en su libro El Anticristo, podemos encontrar una idea más sobre la
libertad, que se resumen de la siguiente manera:
“oídos nuevos para la música
nueva, ojos nuevos para ver lo más lejano, una conciencia nueva para verdades
mudas hasta ahora, y la voluntad para la economía del gran estilo: reunir su
fuerza, su entusiasmo…el respeto de sí mismo, el amor propio, la libertad
absoluta respecto de sí”.








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